Relato erótico en la playa

Relato en la playa

Este verano pensando en descansar, me fui a Almería de vacaciones, de relax, playa, cervecitas y olvidarme de la rutina y del día a día. Durante los primeros días fue todo muy tranquilo, me levantaba de la cama iba a la piscina, comía, un bañito por la tarde en la playa y por la noche unas cervecitas a la orilla del mar. En esos días respire paz y tranquilidad, era una armonía perfecta.

Una tarde bañándome en una pequeña cala de una de las playas de Almería se me ocurrió la brillante idea de bañarme completamente desnudo. Y claro con el badajo allí colgando pasa lo que pasa, te pide fiesta y alegría.

Con el instrumento ya alegre me decidí a salir del agua. Mientras salía del agua pude apreciar como una pareja llegaba a aquella playa. Aun recuerdo a aquella muchacha, con su tanguita negro de hilo y con sus senos colgando al aire libre. Que pena que iba con su novio, me hubiera encantado comerle esos melones.

Tras ver a aquella mujerona, no pude resistirme y empecé a tocarme instintivamente. Pero… ¡cuidado! Va con el novio, no me puede ver, sino se marcharán y se acabara la fiesta. Disimulé como pude, me tape un poco como si me estuviera secando y empecé con el trabajo manual.

Estaba bastante cachondo y la chica se dio cuenta como la miraba. Ella sabía que me estaba poniendo cachondo y que probablemente me estaba tocando pero parece ser que no le desagrado la idea, le gustaba que la miraran, que la desearan otros hombres.

En ese mismo instante paso algo que no me esperaba, ¡se quito el tanga! Y después de esto se tumbo sobre su toalla con las piernas un poco abiertas. Al novio no le pareció bien y por ello empezaron a discutir. Él no paraba de gritar con histeria y ella comenzó a llorar. Tras esto el chico se marcho dejándola sola en la playa.

Me acerque a ella para consolarla, me senté a su lado y comencé a acariciarle la cabeza, parecía que se estaba tranquilizando, por ello comencé a bajar la mano poco a poco hasta sus pechos. Una vez allí note como sus pezones estaban duros como piedras, ¡que gusto daba tocarlos! Nos tumbamos en la arena y puse mi cabeza sobre sus tetas para poder comérmelas y mientras ella empezó a masturbarme.

Esas tetas eran preciosas, tenía ganas de seguir dándoles uso por lo que le dije que me quería correr sobre ellas y la chica asintió con la cabeza. Tras esto se tumbo boca arriba, me puse encima de ella y metí mi polla sobre sus grandes senos.

Cogió sus manos y empezó a moverlos arriba y abajo mientras me miraba con cara de morbo. Cada vez iba más rápido y yo cada vez estaba mucho más cachondo. No podía aguantarme mucho más estaba a reventar, por lo que me corrí y le llene las tetas de semen. También una parte de la corrida le cayó sobre su cara, pero no fue desaprovechada por que la lamió con su lengua como una buena gatita.

Relato de sexo en la playa

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