Relatos de sexo casual

Relatos de sexo

Cada vez que nos veíamos era como la atracción de dos imanes. Nos mirábamos, nos acercábamos, nos tocábamos con nuestras manos y al final nos uníamos con nuestros labios en un beso sin final. Era Vero.

Era la mujer más caliente que nunca había visto y este es un relato de sexo casual. Cuando la conocí en el pub de mi amigo casi me asustó, tenía una mirada de deseo y a la vez felina. Con solo leer nuestras miradas sabíamos lo que queríamos, los dos queríamos lo mismo, sexo, y por su mirada sexo del duro. Me acerqué a ella y no paraba de sonreír, no era una sonrisa de gracia, era una sonrisa de deseo.

Todo en ella estaba pidiendo guerra. Por un momento dudé, pero me lancé. Sin mediar palabra, apagué con un beso su sonrisa. Ella se colgó de mi cuello y siguió. Su lengua recorrió toda mi boca, mi oído. Fue una presentación de lo más de cálida, ni sabía cómo se llamaba y me daba lo mismo. Estaba más buena que el pan y despertaba un morbo inusual en mí, cuando no besaba no dejaba de sonreír y sin motivo aparente.

Decidí tomar la iniciativa, ó al menos era lo que yo pensaba. Mis primeras palabras fueron para sugerirle el porqué no cambiábamos de garito, necesitaba salir del pub para escuchar su tono de voz. Ella asintió con la cabeza y nada más llegar a la calle, otra vez se colgó de mi cuello y me besó, no me dejó decir ni mu.

Cuando despegó sus labios de los míos, me dijo que le había gustado nada mas verme entrar en el pub. Tal cual de nuevo me sorprendió, me sugirió irme a su casa a tomar algo y luego a follar. Nunca antes ninguna chica me había hablado tan clara y tan rápida. Era sorprendente, y además me encantaba su tono de voz.

Casi sin creérmelo asentí y le pregunté que si nos iban a pillar sus padres. Entonces fue cuando me clarificó su situación, era estudiante y vivía con una amiga de alquiler en un piso. Ella me cogió de la mano y yo la seguía dejándome llevar. Me llevó al centro ciudad y a una calle donde los pisos eran caros. Pensé en la pasta que debía de tener la niña para costearse semejante pisito aún compartiendo el alquiler con su amiga.

Entramos, cogimos el ascensor, y me tocó el paquete a la vez que de nuevo me besaba. No sabía ni en el piso que nos encontrábamos, salimos del ascensor y rápidamente abrió la puerta empujándome hacia adentro, se notaba su olor. Como por arte de magia se quitó la blusa y vi unas tetas enormes, la chavala engañaba vestida, eran unas tetas sorprendentes con un enorme pezón color rosado. Cuando fuí a besarlos, ella se arrodillo y sin mediar palabra comenzó a desabrocharme el pantalón, bajándome todo, y sin darme tiempo a nada mi polla estaba en su boca caliente.

Ella comenzó a chupar de una manera que nunca jamás hubiera imaginado. Me daba un gusto que nunca antes había sentido y además emitía unos sonidos desesperados de placer. Así siguió durante el tiempo que ella quiso, casi me corro y no la había metido.

Se levantó y me guió de la mano a una habitación, y nuevamente volvió a sorprenderme, era una noche que me acojonaba, no sabía dónde me había metido. La habitación estaba pintada de color rojo y negro y ella seguía sonriendo, creo que por la cara de pasmado que debí de poner. En la habitación había como una cama en redondo de color rojo y una mesa con la tira de artilugios raros para mí.

Me sentó en la cama y acercándose a la mesa cogió un consolador descomunal, no podía imaginar que una tía pudiera meterse ese aparato por el chorro. Apoyó su pié derecho en la cama y agarro mi mano llevándola a su coño. Introduje dos dedos de golpe en su vagina y joder como lo tenía, estaba chorreando y caliente muy caliente. Aún no me había dado cuenta y tenía todo el puño dentro de su chocho, ella me agarraba por el antebrazo y parecía que se iba a meter el brazo entero.

No paraba de jadear y sonreír, mi cara debía ser de póker. Fue entonces cuando sacó mi puño y de golpe se introdujo el enorme consolador, ver para creer. Se agachó, y apoyando la base del consolador en el suelo nuevamente cogió mi polla y como si estuviera poseída comenzó a masturbarme hasta que me corrí en su boca.

Después de mi corrida se sacó el consolador y siempre con su sonrisa se fue para la mesa donde cogió otro de sus juguetitos, era algo extraño tenía dos consoladores en uno. Durante toda la noche estuvimos jugando a su antojo, y tuvimos orgasmos inimaginables y entre estos confesiones sorprendentes, la más relevante era la de estudiante pero no de magisterio, si no la de puta de lujo.

Actualmente somos novios y la quiero mucho, ella se desfoga con sus clientes y además gana mucha pasta. Yo me he especializado en aparatos extraños.

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