Era tarde y estaba cansa, el día había sido intenso después de cenar, nos tumbamos en el sofá, el se sentó justo en medio mientras que yo me tumbe poniendo las piernas sobre su regazo a la altura de los muslos, comenzamos a hablar esperando que empezara la película de la noche, pensé que sería una noche como otra cualquiera sin mucha excitación pero...fue distinta e inigualable.

Os contare una experiencia, normalmente anormal, simplemente encantador y extrasensorialmente irrepetible.
Pasamos una velada, deliciosa, el y yo compartimos miradas, guiños y sonrisas … un mundo sencillo después de haberle sentido dentro de mí, de saber como olía, como sabia, y como entraba sin pedir permiso entre mis piernas. Salimos de aquel restaurante, y nos dirigimos a casa, la noche aun era joven y teníamos más ganas de nosotros que de compartir copas entre bares.

¿Queréis ser únicas y especiales?, cada mujer es única y especial, pero si algo nos puede hacer distintas, es el amor y la pasión que le ponemos a las cosas, me gusta ser una mujer entregada, pienso que al serlo demuestro muchas cosas y recibo en proporción, a veces no es así, otras sí, pero eso no importa.

Sueño estar de nuevo con él, sentir como besa mi cuello como me muerde hasta hacerme daño, siento que nuestros encuentros maduran con el tiempo, que es increíble poder decirle a alguien lo que quieres y como lo quieres, es algo simple…pero ¿tu lo haces?, yo nunca me atreví antes a decirle a un hombre, que no me había corrido. Os contare una historia, una vivencia, un sentir que puede ser…quizás la envidia de muchos o de algunos.

Cada vez que nos veíamos era como la atracción de dos imanes. Nos mirábamos, nos acercábamos, nos tocábamos con nuestras manos y al final nos uníamos con nuestros labios en un beso sin final. Era Vero.
Era la mujer más caliente que nunca había visto. Cuando la conocí en el pub de mi amigo casi me asustó, tenía una mirada de deseo y a la vez felina. Con solo leer nuestras miradas sabíamos lo que queríamos, los dos queríamos lo mismo, sexo, y por su mirada sexo del duro. Me acerqué a ella y no paraba de sonreír, no era una sonrisa de gracia, era una sonrisa de deseo.

Quien se iba a imaginar que me acabaría liando con mi profesor de mates.
Todas las alumnas estábamos encantadas con la clase de matemáticas, aquel año fue inolvidable para mí, y me marcó para siempre.
Se llamaba Ruiz de apellido y tenía el pelo rizado casi a lo afro, era rubito, con carita aniñada y ojos azules, además era mi profe de mates.
Fue el año en el que más aprendí y no precisamente matemáticas.

“Nunca olvidaré mi primera orgía” es lo que pensé mientras intentaba cerrar la boca, casi dislocada por la sorpresa de la escena, e intentaba abrir las piernas de la rubia, solo por probar a ver cómo reaccionaba. Su reacción casi me vuelve a dislocar la mandíbula de nuevo, y eso tampoco lo olvidará nunca.

Me llamo Ana y tengo 36 años. Me gustaría compartir anónimamente mi primera experiencia sexual. Mi relato sucedió cuando tenía 19 años.
Era una mujer normal, bueno yo pensaba que era excesivamente normal, aunque mis compañeras de trabajo decían que tenía unos ojos grises muy bonitos, y siempre me preguntaban por mis ligues del fin de semana...

Vivo en un edificio de 25 plantas y mi piso esta justo en la última planta, un camino de subida y bajada de algunos minutos, que siempre hice sin más. Jamás pensé que aquel rinconcito del ascensor pudiera dar tanto juego, desde entonces al entrar en mi casa lo miro con añoranza.
Os contare como fue la sublime experiencia de quedar atrapada en la planta 22.


